Mi vida en las montañas

Tras haber leído la muerte del alpinista navarro Iñaki Ochoa de Olza en la bajada del Annapurna, me apatece compartir unas reflexiones sobre qué significa para mi la montaña y un poco mi vida al fin y al cabo.
Desde pequeña he tenido mucha pasión por la montaña y el deporte. De hecho siempre me recuerdo montando en bici, haciendo excursiones así como otras muchas curiosidades...en los últimos años mi pasión por la montaña ha ido creciendo exponencialmente, metiéndome un poco en un mundo nuevo, conociendo a otras personas y exigiéndome a mi misma cosas más complicadas o retos más interesantes, porque como todo que te engancha, es un gusanillo que te pica y cada vez quieres llegar más lejos aunque, creo que tampoco ese sea ni mucho menos mi lei motiv en la montaña.
El alpinismo me ha abierto nuevos premios personales porque la satisfacción de subir un pico y ver el mundo desde arriba no es comparable, bajo mi punto de vista, a casi nada...el disfrutar del esfuerzo individual y compartido, porque a mi la montaña es el encuentro y las vivencias con el grupo, eso es lo más bonito, la convivencia, las cosas que te unen que son completamente distintas a otras situaciones de la vida....la solidaridad/ amistad montañera y el comportamiento adecuado con la naturaleza quizá hayan sido las dos cosas determinantes para que haya optado por desarrollar esta afición cada vez más en mi tiempo libre. Y eso por supuesto tiene que ver con la suerte de haber conocido a las personas adecuadas en su momento. Soy una persona con suerte.
El verano pasado estuvimos en el Himalaya haciendo un trekking normal, accesible para todos los públicos, con un determinado entrenamiento claro, pues subimos hasta 6 mil y poco metros, y eso el cuerpo lo nota y te avisa. Para mi ha sido un antes y un después podríamos decir. No porque fuera ya el Himalaya que siempre había sido uno de mis sueños, sino por la vivencia acumulada. El viaje me hizo mella profunda en la forma de ver las cosas, en el planteamiento que tenía de otras, me removió mucho por dentro, por supuesto, dentro de un orden. Y me dejó claro que esa vida me gustaba y que me gustaría poder hacer más trekkings en esas latitudes. Esos paisajes enormes, la civilización de otros tiempos, las grandes y majestuosas montañas....no sé todo el encanto junto....y tu ahí insignificante progresando un poquito cada día hasta completar un recorrido.
Toda esta fortaleza física que llevas contigo creo que te da muchas fuerzas para afrontar la vida diaria, porque el esfuerzo físico no es tal, sino una lucha contra ti misma, una superación personal que te hace con cabeza siempre, salir adelante en otras situaciones. La naturaleza es muy sabia y a veces nuestra cabeza nos la juega mucho. Eso sí, tampoco hemos de jugar a los superhéroes cosa que a mi no me gusta nada. Los colecciona picos, los yo por narices subo ahí, sin tampoco tener que ser un himalayista...No, la montaña no se trata de eso, es de disfrutar contigo mismo y poderlo compartir con tu grupo. La cabeza también te tiene que indicar el momento de dar la vuelta, de nada vale la ambición, a la montaña hay que respetarla siempre por insignificante que parezca.
Sobre la triste noticia de Olza, precisamente es este aspecto lo que me ha gustado leer y ver que aunque a veces no sean así las cosas a esos niveles, en este caso ha habio una solidaridad y otros alpinistas que hasta el último momento se la han jugado y han luchado por sacarle de ahí.Yo me quedo con la lección de buen montañero que han mostrado, esta vez sin lugar a dudas....

Madrid con bici es posible

Siempre he soñado con montar en bici por Madrid, utilizarla como medio de transporte habitual en vez de coger el autobus o el metro...pero no parece que eso pueda suceder ya que la sensibilidad frente a la bici no ha aumentado y el peligro con los coches que no te respetan tampoco ha disminuido...una lástima porque podríamos disfrutar de una ciudad mucho más amistosa y tranquila, con menos contaminación y menos mala leche que provocan los atascos...
Creo que el incremento de extranjeros en Madrid está cambiando un poco el cliché y es posible que consigamos modificar este esquema tan antiguo y absurdo del coche... pero llevará tiempo.
Tras haber estado este puente en Berlín regresar ahora a Madrid con la bici parece otro mundo lleno de obstáculos, con aceras altas, coches por todos lados e impaciencia...te das cuenta donde puede radicar la calidad de vida y con pequeñas modificaciones podríamos lograr que todos saliéramos en bici por esta hermosa ciudad.
Con todas estas energías y alegría, he empezado a ir de vez en cuando a trabajar en bici, sí, directamente a la oficina y de ahí a casa...y es una gozada ver la calle desde mis dos ruedas, a veces sobre la acera a veces sobre el asfalto con los coches...estoy deseando que lleguen las vacaciones y hacerme con el asfalto con mis dos ruedas...


Vida circular y Marta

Mi vida es circular y perfecta, pienso a veces, pienso que siempre me han de ocurrir cosas buenas y las malas también tienen una explicación que siempre me lleva al lado bueno de las cosas...en fin, como decía el protagonista de la película Before the rain, el círculo se cierra...y eso es lo que a veces me ocurre a mí. Conozco a alguien y de ahí a otra persona, luego unos hechos que explican algo y a veces la vida te da cruces y zig-zags pero al final la historia se retoma y todo encaja...

Me he leído recientemente el libro de Marta Pérez, una piedra roja, una piedra azul, una piedra amarilla. Es una autobiografía preciosa, llena de vida y alegría. Todo lo contrario a lo que yo esperaba cuando leí la reseña en el periódico hará un tiempo. Se trata del libro póstumo de la hija de Peridis, ingeniera forestal y de montes, de edad cercana a la mía....y que hablando con Marta Ortiz me comentaba el libro en el que estaba en esos momentos y pensaba que seguro yo la había conocido. Y en efecto con Marta Pérez estuve en un campo de trabajo en Alemania en mi primer verano de escuela. Sí, estas últimas semanas he recordado detalles, personas, paisajes, etc. y más este fin de semana que hemos estado por Berlín. De aquella ya hace la friolera de 13 años que paseamos Unter der Liden todo recto, admirando el resurgir de Berlín, porque todavía era muy latente la unión de dos mundos.


La lectura del libro de Marta ha sido deliciosa, podría haber sido una escritora estupenda, con una prosa sencilla, directa y a la vez elaborada. Con unas reflexiones muy positivas y reales, en las que me he visto muy reflejada. Con sus viajes y su movimiento de vida. Con su familia y su núcleo de amigos y su Madrid. Me encantó la reflexión que hace cuando decide volver a Madrid porque la vida en el campo no es lo que ella esperaba y se da cuenta que viajar la entusiasma pero que necesita tener un lugar donde regresar con los suyos....con ella me he sentido muy identificada y he entendido porque a mí aquel verano me resultaba borde y cortante, y era, porque era una gran tímida...con ella coincidía en las comidas porque de aquellas yo y ella no comíamos carne y teníamos menú paralelo. Sin duda lo peor del libro era según se acercaba al final porque conocía el desenlace, y me sentía algo culpable, aunque no tuviera culpa alguna.




El libro fue idea de su padre, una idea preciosa regalarnos su historia directa, pero en algunos casos me daba cierto pudor entrar tan de lleno en la vida de una familia, de unas amistades, de unos secretos bien guardados por carta....pero bueno todo formaba un conjunto circular bonito para un recuerdo que perdure.
http://www.ellibrodemarta.blogspot.com/