Por Viena con Adolf

Gracias a mi federación cada verano puedo aprovechar la ocasión para viajar a un país europeo interesante donde disfrutar el fin de semana posterior a largas y arduas reuniones internacionales...hay que ganarse el descanso!
Este año le tocaba el turno a Austria, a su espléndida capital: Viena. No había tenido todavía oportunidad de visitarla y me ha encantado. Me esperaba una ciudad burguesa más aburrida sin embargo en pleno mes de julio con buen tiempo me he encontrado una ciudad animada, preciosa, cargada de historia y de mucha vida en sus calles, ribera del Danubio, viñedos y colinas que la rodean. Y también cena incluida en un antiguo palacio de la nobleza vienesa en pleno centro de la ciudad que hoy abren para eventos como éste y bodas. Un palacio propio de Sisi con cristalería de bohemia tallada, suelos de madera con increíbles mosaicos donde cuántos valses se habrán bailado....¡un lujo propio de Sisi y del sector del tablero europeo!
Además, el viaje nos traía un reencuentro muy especial, visitar a Adolf Merl, amigo de COST y miembro de del WG 3 que tantas aventuras hemos pasado en distintos congresos y países europeos. Así que Sergio llegó el viernes a media mañana una vez terminada mi asamblea, y una vez que empecé yo mi periplo vienés (bueno, la tarde anterior también me dio para recorrer durante dos horas a buen paso el centro de la ciudad). A primera hora del viernes tuve la suerte de poder ver una exposición muy interesante de Oskar Kokoschka en el Albertina Museum. Luego ya quedé con Sergi y nos dirigimos a buscar a Adolf a su oficina para irnos a comer a Naschmarkt, unmercado al aire libre lleno de ricos productos de distintos lugares del mundo, todo muy ordenado, bonito y apetecible. Pues alrededor de estos puestos hay distintos restaurantes muy agradables, así que optamos por la comida de tipo turco, muy rico! Luego con las ganas de la siesta y la calor que hacía en la calle le dimos tiempo a Adolf para terminar algunas cosillas en la oficina mientras nosotros probábamos la famosa tarta Sacher (Sachertorte) en su hotel homónimo y donde parece se inventó esta delicia vienesa que ahora atrae a numerosos turistas hasta este lugar de corte imperial...tras endulzarnos, Sergi encantado con su chocolate, nos echamos una siesta en un parque rodeados de adolescentes vieneses que tomaban el sol, para nosotros la sombrita.
La noche del viernes nos fuimos con Adolf a un cumpleaños de una compañera suya de cuando trabajaba en la universidad. El cumpleaños era en un barrio periférico de viñedos donde habita la clase alta vienesa rodeada de barrios de inmigración fundamentalmente turcos, y es curioso ver como se pasa de un barrio a otro, no hay unas zonas divisorias, se mezclan los distintos barrios a lo largo y ancho de la ciudad. Pasamos la noche tomando vino rebajado con agua con gas (liter-liter) que entraba estupendamente y acompañado por algunas especialidades de la señora del local. Se trataba de un bar-restaurante muy curioso, en una parcela más larga que ancha, con un buen verde muchas mesas de madera tipo merendero esparcidas en dos largas líneas y al final unos columpios de madera. Una opción interesante para familias con niños, había entretenimiento para todos.
Dos cosas que me han llamado la atención han sido por un lado descubrir como la memoria histórica cuesta mucho a todos los países. Adolf nos contaba como han tardado en digerir el capítulo del nazismo y como todavía hay heridas abiertas. De hecho en la zona de bares del quatier de los museos vimos una de las cuatro torres de hormigón que quedan en pie contra los bombardeos de los aliados y proteger la ciudad. Hoy una de ellas es el acuario de la ciudad. La otra cosa que sorprende a pesar de conocerlo, es la aceptación de la incineración por parte de la ciudadanía frente a la contaminación/ocupación del suelo y como opcoción energética. Después de muchos años de pelea y protesta ha sido aceptada esta solución por los vieneses ya que goza de un buen control medioambiental, además de estar envuelta como una joyita...


El sábado ya que la previsión del tiempo era mala (y a Adolf no parecía encantarle la idea de madrugón) cambiamos la opción de montaña por bici. Nos alquilamos un par de mountain-bikes a orillas del Danubio y tiramos para las colinas que rodean Viena (un desnivel de 500m que no estuvo nada mal). Conseguimos coronar el pico más alto de la ciudad y pico más oriental de los Alpes (si queremos considerarlo así). Aquí en la foto estamos los tres en plena cumbre y antes de pararnos para celebrarlo con unas cervecitas...



Luego disfrutamos de un buen paseo por el Danubio, reconvertido en estas fechas en la playa, campo de deportes, conciertos al aire libre, pulmón de actividad de la ciudad....una rivera muy bien aprovechada.

Por la noche finalmente vino la tormenta y nos refugiamos en la zona de los museos con locales, restaurantes y tiendas de moda. Cenamos en Lux, un sitio alternativo de comida austriaca muy agradable y tras unas cervezas en un local situado en la zona de los diseñadores y arquitectos, nos fuimos para casa y el domingo ya tocaba regresar...

Con suerte nos reencontraremos con Adolf pronto en los Dolomitas...