Ayer tras unos cuantos meses sin vernos fui a Aranjuez a casa de Iciar y David.
El viaje en tren me transmitió una sensación de verano indescriptible, será porque mis vacaciones están a la vuelta de la esquina supongo, es curioso porque el tren es bien moderno (con su bendito aire acondicionado, si me leyera Pepa) pero tuve la sensación de novela tipo el Jarama...se respiraba ese tipo de ambiente veraniego madrileño de otra época que quizá sigue vivo o que nunca ha muerto. De grupos de amigos que van a pasar la tarde al río, de partida de cartas, de moreno y toalla debajo del brazo, de trabajadores cansados, de pasar del tiempo tranquilo y la noche que no levanta el fresco...
Ayer tuve una sensación muy grata que hacía ya tiempo que no tenía y es el paso del tiempo sin angustia, sí, parece terrible decirlo pero cada vez soy más presa de mi reloj y del factor aprovechar el momento a tope, no se puede desperdiciar un minuto....y ahora en verano con el calorcito y la tranquilidad te das más cuenta de la prisa con la que vivimos que no lleva a ningun sitio. Es cierto el tópico de que la prisa mata, no se si mata pero angustia genera y lo peor es que no te vas dando cuenta de la espiral de prisas-estrés-agobio en el que te vas metiendo día a día, porque al fin y al cabo es nuestra vorágine diaria...
Y bueno, la intención de este post, aunque no me guste contar nada muy personal, porque ¿ a quién le importa? era comentar la alegría del encuentro con mis amigos. Porque Iciar y David son dos muy buenos amigos a los que quiero mucho y admiro mucho tanto en lo personal como en lo profesional....y estar con ellos la tarde me llenó de energía y de alegría. Y ahí salen en la foto, Iciar con su incipiente barriguita y David con sus kilitos de menos....ahí queda eso!
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