Comerse el mundo

La frase de Bertolt Brecht "primero es el comer y luego viene la moral" ha quedado obsoleta. La justicia es hoy, ante todo, alimentaria. La moral se ha desplazado desde el dormitorio al comedor
DANIEL INNERARITY,Publicado en el diario El País, 30/07/2008
Pocas sentencias han quedado tan anticuadas y en tan poco tiempo como aquella célebre de Bertolt Brecht según la cual "primero es el comer y luego viene la moral". La pronuncia uno de los protagonistas de su Ópera de los tres centavos, en la canción ¿De qué vive el hombre?, a la que puso música Kurt Weil y que fue estrenada en 1928. En ella retrata las típicas hipocresías que fueron el objeto predilecto de sus denuncias. En este caso, una mafia de mendigos en el Soho londinense del siglo XVIII, que trataba de aprovecharse de la compasión de los paseantes. Esta afirmación tiene pleno sentido en el contexto de criticar la doble moral; al contraponer las necesidades fundamentales y los deberes de la conciencia, la urgencia de sobrevivir y el lujo de las sutilezas morales, sitúa el discurso moral en su suelo vital al que necesariamente remite. La moral no debe servir para hacer la vida imposible.
Crece la exigencia de una política alimentaria respetuosa con los derechos humanos
Nuestra libertad de determinar qué y cómo comemos establece límites reales a la política
Reconozcamos que Brecht es un autor fascinante para obtener una imagen del mundo en el que esté claro dónde se encuentra el bien y dónde el mal; tiene toda la razón que le falta al capitalismo, pero hace agua cuando la complejidad exige ir más allá del anti capitalismo elemental y la crítica requiere mayor sutileza. En cualquier caso, uno siempre puede reconfortarse con sentencias tan elementales como la de "¿qué delito es el robo de un banco comparado con el hecho de fundar uno?", también de la misma ópera.
Pero el anacronismo de esta frase está en otro registro. Su autor no pudo saber que un día casi toda la ética fuera a caber en la cesta de la compra y que la justicia alimentaria pudiera simbolizar todas nuestras preocupaciones en torno a la justicia en general. Hoy la moral parece haberse desplazado desde el dormitorio hasta el comedor. La moral ya no viene después del comer sino al mismo tiempo. La food justice se ha convertido hoy en un espacio en el que confluyen todas las exigencias morales. La comida es un ámbito de obligaciones especialmente intensas, respecto de nosotros mismos, de los demás, la naturaleza o los animales. Comer no es un acto privado, ética y políticamente irrelevante, sino una práctica cotidiana en la que el mundo se juega su destino, lo configuramos o lo destruimos, en la que literalmente nos comemos el mundo. Pensemos en el hecho de que con una metáfora alimentaria (la macdonalización) solemos referirnos al malestar ante la globalización. Con nuestra decisión acerca de qué comer, decidimos también cómo queremos vivir e incluso en qué clase de mundo queremos vivir.
En la justicia alimentaria se concentra buena parte de nuestros principales dilemas éticos y políticos: los problemas de la alimentación presente y futura de una creciente población mundial teniendo en cuenta la sobrecarga ecológica del planeta; la discusión en torno a las posibilidades de suprimir el hambre en el mundo mediante los transgénicos, con sus riesgos inherentes; el número creciente de personas que se alimentan de una manera insana, también y especialmente en el mundo más desarrollado. Se extiende la exigencia de una agricultura sostenible, de una política alimentaria respetuosa con los derechos humanos; coinciden en el tiempo las exigencias de justicia económica global y el desarrollo de una ética del consumo, lo que podría estar anunciando una nueva convergencia entre el gusto y la justicia.
El desarrollo económico que ha tenido lugar desde la segunda mitad del siglo XX ha conducido a una extensión social del bienestar anteriormente inimaginable. Por primera vez en la historia, gracias a la producción segura de alimentos y a su provisión en el mercado, una gran cantidad de consumidores de los países ricos dispone de los presupuestos materiales necesarios para poder comer lo que quiera. En las estanterías de cualquier gran supermercado está a nuestra disposición una enorme cantidad de productos a precios asequibles. La cuestión es quién vive en ese paraíso: nosotros los consumidores de los países ricos. Esa particularidad nos obliga a formular principios éticos en orden a la universalización de los bienes y nos sitúa frente a las contradicciones del mundo actual en lo que se refiere a las posibilidades y las realidades de la alimentación.
¿Es posible alimentarse mejor de lo que lo hacemos? ¿Cómo deberíamos comer y qué hábitos alimentarios deberíamos cambiar de modo que todos se pudieran alimentar bien?
En las relaciones que se establecen como consecuencia de la alimentación comparecen asuntos que tienen una fuerte dimensión de justicia, como la producción y provisión de alimentos. Pero el asunto se amplía con la progresiva toma de conciencia de que el consumidor está igualmente obligado a examinar su conducta de acuerdo con criterios de justicia. También el que come debe tomar en consideración el valor de justicia de lo que come, si está producido con equidad, si daña el medio ambiente, si pone en peligro su propia salud y se convierte por ello en una carga para otros, si lo hace responsablemente examinando sus consecuencias globales... Ahora bien, ¿cuáles son las posibilidades del ciudadano, del sujeto particular, del consumidor, en orden a modificar las injusticias globales en materia de alimentación? Mejorar el estado de la alimentación mundial no está al alcance de uno solo, por supuesto, pero tampoco de los grandes poderes; las autoridades políticas y económicas no pueden nada sin los seres humanos, sin los consumidores y sus microdecisiones cotidianas.
La clave está en la fuerza transformadora de los estilos de vida. La renuncia a consumir no es una estrategia practicable de sostenibilidad. Lo que se reclama cada vez con más fuerza es una modificación de nuestro estilo de vida. En el debate sobre desarrollo sostenible los consumidores ocupan ahora un lugar central; son considerados como verdaderos motores de todo cambio estructural en la medida en que tienen la posibilidad de "hacer política con el carro de la compra". Andoni Luis Aduriz nos daba recientemente algunas pistas en estas mismas páginas.
La relevancia de la alimentación en orden a la sostenibilidad es manifiesta: según las estimaciones aceptadas, entre un 30% y un 40% de los problemas medioambientales son debidos directa o indirectamente al comportamiento dominante en el consumo. Una gran relevancia para la salud y el medio ambiente tiene, por ejemplo, el elevado consumo de carne; el uso de productos congelados también plantea graves efectos sobre la sostenibilidad; muchas enfermedades y alergias se deben a una mala alimentación, especialmente las que están vinculadas al sobrepeso. La alimentación sostenible tiene una clara dimensión ecológica. Podría mencionarse a este respecto la compra de alimentos con criterios de regionalidad, trazabilidad y estacionalidad. De este modo, por ejemplo, se minimiza el transporte y se fortalecen los circuitos económicos regionales.
Sabemos, por otro lado, que una cuarta parte de las basuras domésticas tienen su origen en el empaquetamiento de los alimentos. Los envases reciclables o los productos con poco envoltorio contribuyen a disminuir notablemente la cantidad de basura y el uso de energía.
Existe por tanto un contrapoder de los sujetos que es preciso activar mediante la información, los incentivos y las sanciones fiscales. Del mismo modo que la política requiere de los ciudadanos para su legitimación y la economía depende en última instancia del comportamiento de los accionistas y consumidores, las prácticas cotidianas de la comida actúan sobre las relaciones de poder que constituyen el complejo mundo de la alimentación (y, por añadidura, el mundo en general). Dentro de los espacios de juego existentes, nuestra libertad de determinar qué y cómo comemos establece límites reales a la industria y a la política.
Las costumbres alimenticias permiten al individuo configurar el tipo de vida que desea para sí y modificar su relación con el mundo. Cada uno de nosotros, en el ámbito de su conducta alimentaria, puede llevar a cabo una mejora del mundo, inapreciable pero insustituible. Comer es hoy un acto político global, una verdadera conspiración revolucionaria. Nuestras decisiones cotidianas en esta materia configuran el mundo, para bien o para mal. Brecht no hubiera formulado aquella simplificadora oposición de haber sabido que, actualmente, el comer se ha convertido en un asunto moral, en una cuestión de ciudadanía.
Daniel Innerarity es profesor de Filosofía en la Universidad de Zaragoza.

Cueva Valiente y la memoria histórica

Ayer hicimos una ruta en bici desde el Puerto de los Leones hasta el pico de Cueva Valiente (1903 m), haciendo una ruta circular por el Collado de Hornillos hasta el camping que enlaza con Peguerinos y de ahí por la subida normal al pico. La vuelta la intentamos por un camino que venía marcado en el mapa pero con una ciclabilidad bastante baja, por lo que nos tocó cargar una parte del descenso y otra de ascenso con la bici al hombro...q es mucho más cansado que pedalear...nos olvidamos la cámara en Collado, así que no hay fotos de los momentos de calor y cuestas sin perdón...
El camino fue muy bonito contemplando las dos vertientes de la sierra, a un lado Guadarrama, El Escorial y hasta el Valle de los Caídos, al otro Valsaín, El Espinar, San Rafael y la tierra de campos segoviana a lo lejos...en el camino además encontramos importantes vestigios de la guerra civil: casas matas, refugios, bunkers, todo ello más o menos señalizados, supongo que constituirían parte del frente de Madrid y de la terrible batalla que se vivió en la sierra hace ya 70 años. Resulta brutal observar estos restos, pensar en nuestro pasado más inmediato, en el pasado de nuestros abuelos...y desear que consigamos digerir nuestra historia y no olvidarla, porque es la única forma de no repetirla...
Al final llegamos deshidratados pero contentos de la excursión. Cogimos el coche con ganas y nos fuimos camino de casa de Olga en El Espinar Estación donde nos esperaban tras la siesta...lo pasamos fenomenal con tarde taurina incluida!

Por Viena con Adolf

Gracias a mi federación cada verano puedo aprovechar la ocasión para viajar a un país europeo interesante donde disfrutar el fin de semana posterior a largas y arduas reuniones internacionales...hay que ganarse el descanso!
Este año le tocaba el turno a Austria, a su espléndida capital: Viena. No había tenido todavía oportunidad de visitarla y me ha encantado. Me esperaba una ciudad burguesa más aburrida sin embargo en pleno mes de julio con buen tiempo me he encontrado una ciudad animada, preciosa, cargada de historia y de mucha vida en sus calles, ribera del Danubio, viñedos y colinas que la rodean. Y también cena incluida en un antiguo palacio de la nobleza vienesa en pleno centro de la ciudad que hoy abren para eventos como éste y bodas. Un palacio propio de Sisi con cristalería de bohemia tallada, suelos de madera con increíbles mosaicos donde cuántos valses se habrán bailado....¡un lujo propio de Sisi y del sector del tablero europeo!
Además, el viaje nos traía un reencuentro muy especial, visitar a Adolf Merl, amigo de COST y miembro de del WG 3 que tantas aventuras hemos pasado en distintos congresos y países europeos. Así que Sergio llegó el viernes a media mañana una vez terminada mi asamblea, y una vez que empecé yo mi periplo vienés (bueno, la tarde anterior también me dio para recorrer durante dos horas a buen paso el centro de la ciudad). A primera hora del viernes tuve la suerte de poder ver una exposición muy interesante de Oskar Kokoschka en el Albertina Museum. Luego ya quedé con Sergi y nos dirigimos a buscar a Adolf a su oficina para irnos a comer a Naschmarkt, unmercado al aire libre lleno de ricos productos de distintos lugares del mundo, todo muy ordenado, bonito y apetecible. Pues alrededor de estos puestos hay distintos restaurantes muy agradables, así que optamos por la comida de tipo turco, muy rico! Luego con las ganas de la siesta y la calor que hacía en la calle le dimos tiempo a Adolf para terminar algunas cosillas en la oficina mientras nosotros probábamos la famosa tarta Sacher (Sachertorte) en su hotel homónimo y donde parece se inventó esta delicia vienesa que ahora atrae a numerosos turistas hasta este lugar de corte imperial...tras endulzarnos, Sergi encantado con su chocolate, nos echamos una siesta en un parque rodeados de adolescentes vieneses que tomaban el sol, para nosotros la sombrita.
La noche del viernes nos fuimos con Adolf a un cumpleaños de una compañera suya de cuando trabajaba en la universidad. El cumpleaños era en un barrio periférico de viñedos donde habita la clase alta vienesa rodeada de barrios de inmigración fundamentalmente turcos, y es curioso ver como se pasa de un barrio a otro, no hay unas zonas divisorias, se mezclan los distintos barrios a lo largo y ancho de la ciudad. Pasamos la noche tomando vino rebajado con agua con gas (liter-liter) que entraba estupendamente y acompañado por algunas especialidades de la señora del local. Se trataba de un bar-restaurante muy curioso, en una parcela más larga que ancha, con un buen verde muchas mesas de madera tipo merendero esparcidas en dos largas líneas y al final unos columpios de madera. Una opción interesante para familias con niños, había entretenimiento para todos.
Dos cosas que me han llamado la atención han sido por un lado descubrir como la memoria histórica cuesta mucho a todos los países. Adolf nos contaba como han tardado en digerir el capítulo del nazismo y como todavía hay heridas abiertas. De hecho en la zona de bares del quatier de los museos vimos una de las cuatro torres de hormigón que quedan en pie contra los bombardeos de los aliados y proteger la ciudad. Hoy una de ellas es el acuario de la ciudad. La otra cosa que sorprende a pesar de conocerlo, es la aceptación de la incineración por parte de la ciudadanía frente a la contaminación/ocupación del suelo y como opcoción energética. Después de muchos años de pelea y protesta ha sido aceptada esta solución por los vieneses ya que goza de un buen control medioambiental, además de estar envuelta como una joyita...


El sábado ya que la previsión del tiempo era mala (y a Adolf no parecía encantarle la idea de madrugón) cambiamos la opción de montaña por bici. Nos alquilamos un par de mountain-bikes a orillas del Danubio y tiramos para las colinas que rodean Viena (un desnivel de 500m que no estuvo nada mal). Conseguimos coronar el pico más alto de la ciudad y pico más oriental de los Alpes (si queremos considerarlo así). Aquí en la foto estamos los tres en plena cumbre y antes de pararnos para celebrarlo con unas cervecitas...



Luego disfrutamos de un buen paseo por el Danubio, reconvertido en estas fechas en la playa, campo de deportes, conciertos al aire libre, pulmón de actividad de la ciudad....una rivera muy bien aprovechada.

Por la noche finalmente vino la tormenta y nos refugiamos en la zona de los museos con locales, restaurantes y tiendas de moda. Cenamos en Lux, un sitio alternativo de comida austriaca muy agradable y tras unas cervezas en un local situado en la zona de los diseñadores y arquitectos, nos fuimos para casa y el domingo ya tocaba regresar...

Con suerte nos reencontraremos con Adolf pronto en los Dolomitas...

Impulso vacacional

Desde que ha llegado el buen tiempo a Madrid, las vacaciones están ya en el ambiente...
Me encanta este ambiente prevacacional en el que generalmente reina el buen humor ya que todos estamos contando los días y minutos que nos quedan para pirarnos de la ciudad camino vete a saber donde...da igual casi el plan, es la sensación de estar de vacaciones...la sensación agostí que año tras año nos ilusiona y seduce...
para ilustrarlo nada como la viñeta hoy de Forges que refleja precisamente esos momentos tan agostís en la oficina...
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/pido/agosto/elpepusoc/20080625elpepisoc_1/Tes

En defensa de la vida salvaje

Este libro cayó en mis manos en mitad del trekking del Stok en India. Me lo regaló Pedro, el canario y desde que lo empecé por las tardes en las alturas disfruté muchas tardes en la tienda leyéndolo.
Es un libro interesante e intenso, que narra la experiencia en primera persona de la historia de la conservación en Kenia de los elefantes, todo el proceso, las luchas, el establecimiento de los Parques Nacionales, las señas culturales, la política...un conjunto de hechos que para mi lo hicieron un libro imprescindible y altamente recomendable. Está contado de forma autobiográfica y es tan nítido y veraz con los hechos que te hace partícipe de toda la aventura y vida que relata. Te acerca mucho a Kenia, a su cultura, sus etnias, y por lo menos en mi caso, me despertó las ganas de viajar por fin a África.....
A mí como forestal, me fascinó su forma de contarlo ya que te acercaba mucho a la gestión propiamente dicha y a decisiones que observo a veces no son comprendidas. Muestra las dos caras del mismo hecho, la dureza de lidiar con animales y personas, sobre todo con estos últimos, y la recompensa de conseguir avanzar en lo que crees...



Además, también me abrió el campo de los libros de viajes que no me habían tentado en exceso...
En resumen un must de la literatura ambiental y también histórica...impresionante la labor de Richard Leakey.

Gris, gris y sólo gris...

Sí dicen que es bueno, que es necesario....y yo pienso, ¡ya es suficiente! De acuerdo con que nos hacía mucha falta todo este agua, sí, completamente de acuerdo, pero llega un punto que a mi me agría el carácter y me lo colorea del gris que disfrutamos desde hace ya más de un mes...
La falta de luz en primavera como debiera ser me mata, no llevo bien este tiempo otoñal en pleno mes de mayo y ahora ya en junio.
A mi me gustan los días soleados cuando la gente toma la calle y Madrid está alegre y es la ciudad que tanto me gusta se llena de alegría, terrazas, conversación, música y energía para hacer mil planes y amigos y amigos por todos lados. Parece que los días tuvieran más horas y mi ánimo me diera para vivir despierta muchas horas y hacer, pensar, reir y disfrutar casi tanto como deseo, porque nunca es suficiente...
Que estamos a 16 de junio y jarrea frente a mi ventana y ni siquiera eso me ayuda a ponerme orejeras y concentrarme con mi tesis...
El buen tiempo llegará en algún momento, eso espero...y es que además hoy es lunes y claro era pedirle mucho al día...al menos jornada de verano...

Abejitas bailonas...

He leído este artículo que me ha gustado mucho y quiero compartir...
El maravilloso mundo animal, en los periódicos deberían incluir más noticias hermosas y curiosas como éstas.


http://www.elpais.com/articulo/sociedad/lenguaje/universal/abejas/elpepusoc/20080604elpepusoc_6/Tes